Prisionero de las cepas


 

Prisoner wine

Por: Amanda Díaz de Hoyo

Cada vez que entraba a la Biblioteca José M. Lázaro me quedaba embelezada ante el mural de Rufino Tamayo,Prometeo. Sí y cada vez que me topo con la imagen de un Prometeo encadenado en la etiqueta del vino Prisoner me da ese flasback, el mural de la UPI, mi alma mater.

En estos días tuve la oportunidad de mirar al mar y tomar par de copas de Prisoner, un blend californiano que une la zinfandel con la cabernet sauvignon, la petit syrah y la garnacha para producir un vino contundente, complejo y voluptuoso, que por sí solo resulta fuerte en boca. Ese choque de emociones que entra al mezclar la zinfandel–una cepa que me encanta porque se adapta muy bien a la comida puertorriqueña– con la cabernet sauvignon, y el resto de las cepas, me trae a la memoria los vinos Barolos, que se hacen con la cepa nebbiolo.  Ah, entonces la presencia de la zinfandel es más contundente en la mezcla que el resto con un 46%, le sigue luego la Cabernet con un 26 % dependiendo de la añada, un 15% de syrah, un 10% de petit syrah y un 3% de garnacha.  Aunque la zinfandel se supone que es más parienta de la primitivo que de  la nebbiolo, a mi me sigue recordando esos vinos grandes del Piemonte.

¿Primitivamente Zinfandel? A manera de repaso, les digo que son muchos los estudiosos del vino, y que cada día hay hallazgos dentro de este mundo maravilloso. Nada puede tomarse como final y firme pues el vino evoluciona, tiene vida, y refleja sus destellos dependiendo de los elementos que componen la añada. Obviamente, y de la mano del hombre.  Este disclaimer lo hago porque en estos asuntos no podemos ser absolutistas, La unión de la primitivo y la zinfandel, aunque hay quien apueste hasta los últimos $20 que tenga encima diciendo que son iguales, viene porque su tatarabuela era una cepa croata rara llamada Crljenak, y la zin parece ser reflejo fiel de la ancestral uva, la primitivo es un clon. Ajá, y con el asuntito del terroir, la adaptación y el manejo de la viña, la zin varía así como la primitivo, y de paso cualquier uva que se plante en un área geográfica.

En la manifestación como cepa primaria del vino Prisoner, y el refuerzo de la cabernet sauvignon con la syrah, para suavizarla con el corte de petite syrah y garnacha, encontramos intensidad en color, aroma y boca. Entonces los higos se hacen presente, el cacao y el café, con notas de granadas y frambuesa. La complejidad en el postgusto es más que evidente.

Lo agradable del  blend californiano presentado en el Prisoner radica en la facilidad que tiene de llevarse bien con platos ricos en proteína, buenos cortes de churrasco, carnes de caza y hasta un osso buco. ¿Cómo no recordar el vino de Prometeo en la etiqueta? No way!

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