Días de Zinfandel


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Por: Amanda Díaz de Hoyo

Con frecuencia se me hace difícil que la gente entienda que el zinfandel, ese vino que ha caracterizado a California de un tiempo acá, no es color de rosa y nada tiene que ver con los zapatos de la Barbie. It is not the pink stuff. ¿Por qué no ha tenido tanto arraigo en el Caribe Portorricensis? Fácil, porque es más fácil, y muchas veces económico, tomarse el pink stuff ese que apreciar la fruta oscura, violeta y carnosa de un zinfandel.

 De estos vinos tengo mis favoritos all timers, mis comoditos y los bien económicos, que muchas veces nada tienen que envidiarle a otros de mayor precio. Pero vamos por partes, definamos un poquito la uva zinfandel y vamos a maridarla con algunas comidas criollas.

En muchas ocasiones he comentado la relación de la zinfandel con su parienta italiana, la uva primitivo. Tienen un antepasado común y por eso estas vitis se relacionan, algo asi como primas hermanas. 

En California se han sembrado por años. Una de las siembras más espectaculares que he visto, en el valle de Napa, tiene viñas plantadas a la usanza antigua. Es decir, con viñas que crecen más a su antojo que otra cosa, y sin sistema de espalderas, como suele verse en la cabernet sauvignon y la merlot, en esta y otras apelaciones.

La zinfandel bien cultivada ofrece un vino de color intenso,muy afrutado, complejo, y según su enología, puede durar en guarda adecuada bastante tiempo. En casa hicimos el ejercicio con vinos de la bodega californiana Ridge, que luego de diez años y un buen decante, tenían la fruta muy presente, con sutileza en paladar.

Para un presupuesto cómodo sugiero el zinfandel de la bodega Seghesio, y si consigue el de viñas viejas mejor todavía, pues tiene un sabor de mayor concentración. Los vinos de esta bodega mantienen buena consistencia, aunque como en todo vino, hay años  buenos y años buenísimos.

Otro de mis favoritos es el Seven deadly Zins, también con buen precio localmente, y agradable en paladar aunque con menor elegancia que el Seghesio.

Un zinfandel que me llamó la atención porque me recordó una visita al condado Amador, allá en California es el Terra d´Oro, que conseguí por un poco más de diez dólares en un comercio local. Luego de dejarlo respirar en copa un rato, me dí cuenta que la expresión de terruño era distinta a los de Sonoma porque me daba notas de anis que a los otros no les encontré. No me olvidaré de ese condado californiano porque  a parte de meterme al viñedo calzando sandalias, y advertía que había culebras cascabeles, en la habitación del hotel, solicitaba un cartel que limpiara sus botas de vaquero antes de colocarlas cerca de la pared. Go west, woman!

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¿Con qué va un Zin? No tengo problemas al maridarlo con chuletas al horno y arroz mampostea´o, tampoco con carnes a la barbacoa, o hamburguers. Con pizza y pasta va de lo más bien, ya sea con tomates o pesto. 

El Zin y yo nacimos el uno para la otra. No tengo problemas con su intensa fruta y se adapta muy bien a mi paladar y a mi budget.

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2 comentarios en “Días de Zinfandel

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