Hermandad detrás de los vinos Dehesa de los Canónigos


 

 

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Por:  Amanda Díaz de Hoyo

 

Compartir con los hermanos Iván y Blanca Sanz es realmente todo un lujo pues revelan la actividad familiar y la pasión por el vino cada quien desde su perpectiva. Iván tiene la versión comercial mientras Blanca, la enológica, y ambos representan una nueva generación con gustos y preferencias que van a tono con los nuevos consumidores, sin dejar a un lado, los fieles seguidores del vino.

Mientras hay quienes todavía se resisten a pensar que las mujeres tenemos mucho que ver en el mundo vinícola –y con gusto me cuento entre ellas– Blanca es, sin lugar a equivocaciones, una gran enóloga que se disfruta cada minuto de lo que le sale bien y de lo que sale mal. De las dos maneras se aprende y mejora. Una chica que tuvo entre sus padrinos a Mariano García, luce sus mejores galas en cada copa, así la defino.

Junto con Iván, ofrecieron una cata en San Juan, aquí en nuestra menor Antilla, para darle mayor personalidad a la bodega. Esa presencia, que suele tener buen impacto entre los consumidores locales –y que somos muchos– satisface no solo el paladar sino el conocimiento, pues la interacción con los representantes de una bodega permite que aprendamos mucho más de lo que hasta ahora conocemos. Precisamente esto es lo hermoso de la cultura del vino, el constante aprendizaje.

La bodega Dehesa de los Canónigos, ubicada cerca de la población de Pesquera, allá en la Ribera del Duero, está de celebración este año, pues es su 25to aniversario. Fundada en 1988, y siendo propiedad de Luis Sanz, la finca original tiene mucha historia, que se remonta a esa época, siglos atrás, cuando formaba parte del Cabildo de la Catedral de Valladolid. El clero era el dueño de estas tierras y por ello, rememorando ese pasado, mantiene el nombre Dehesa de los Canónigos. La finca, hoy por hoy, tiene 600 hectáreas, en las que tan solo 70 se dedican al cultivo de vitis vinifera, de las variedades Tinto Fino, Cabernet Sauvignon, Merlot y la blanca Albillo. Además, dedica una parte del terreno a un pinar y a los olivares. Estos dos cultivos son verdaderamente importantes para mantener el  microclima requerido en la zona de producción de uvas.

El Albillo, una variedad blanca, la usan en el coupage para aportar la elegancia de la seda y volumen al vino. Sobre las tareas del viñedo y la recolección de las uvas, recalca Blanca que todo se hace a mano. Adem{as aclarean racimos y realizan poda en verde.

Procedimos a catar varias añadas de los vinos Dehesa de los Canónigos,  unos de botella de 750 mililitros y otro, en el formato magnum. Comenzamos con la añada del 2009, que lleva 88 % de Tinto Fino y 12% de Cabernet Sauvignon. Encontré que es un vino foloso, con presencia de taninos agradables y que tiene aguante. El 2006, que lleva el toque de Albillo en un 3%  que proviene de un solo viñedo me pareció bastante atinado. Luego pasamos a los Reservas 2005 y 2006. Mi preferido de los dos, el 2006, pues se muestra con mayor majestuosidad en boca, con toques de especias negras y muy redondo. Los 24 mese en barrica los distanciaron de los 15 que tenían los anteriores, y eso se aprecia desde el primer golpe de nariz.

El trabajo de Blanca, complementado con el de Iván, permiten que Dehesa de los Canónigos tenga un buen futuro entre los wine lovers. De eso, que Dehesa no tenga dudas.

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