Un salto por Italia


DSCN0983

Foto. ADH. Derechos Reservados. ©2014

Por: Amanda Díaz de Hoyo

Desde que por primera vez pisé suelo italiano quedé fascinada por todo lo que ese país ofrece, desde la historia y la cultura, hasta la moda y el culto por la buena mesa, que va acompañada con vino y aceite de oliva. Cada rincón tiene sus peculiaridades y con diseño definido son los vinos que nos encontramos en una trattoria italiana o en una bodega, dependiendo de la zona productora. Lo mejor es que en Italia, todas las zonas producen vinos generosos y sus precios no tienen que dejarnos en las tablas. Claro, como en todo pais productor, hay vinos buenos y vinos excepcionales.

Me fuí una tarde de sábado a degustar varios vinos italianos representados por la firma Kobrand con el Club Náutico de San Juan como escenario. Allí, entre representantes de bodegas y bodegueros, intercambié impresiones sobre algunos vinos que merecen respeto y otros, pues que son meramente bebibles.

Como suele suceder, cuando hay este tipo de presentación, todos los conocedores van en busca de las mismas etiquetas los Barolos, los Brunellos y si hay Sassicaia, estamos hablando de leyendas hechas realidad en la copa. No obstante, hay unas cuantas etiquetas de vinos bien diferentes entre sí que aunque no son grandiosos tienen hechura y animan el espíritu.

De la bodega Fernando Pighin, de la zona del Friuli, que se destaca por producir excelentes Pinot Grigios, encontré que el Collio DOC, mostraba mejor las características  de la cepa, notas cítricas y tropicales, particularmente un leve toque de piña, y me lo imaginé con  algo de pescado frito y hasta chicharrones de pollo .

Cabreo

Foto. ADH. Derechos Reservados. ©2014

De la zona del Piemonte, la bodega Michele Chiarlo ofreció el Reyna, Barbaresco DOCG, que es interesante con un postgusto agradable pero con los taninos característicos del vino, que se elabora con la cepa Nebbiolo. Con mucha redondez se presenta el Cerequio Barolo DOCG, también de esta bodega. Sí, y se elabora con Nebbiolo.

¿Cómo uno diferencia el Barbaresco del Barolo? Las uvas crecen en microclimas y suelos muy parecidos pero el vino Barbaresco tiene más presencia tánica que el Barolo. El primero espera 2 años para salir al mercado mientras que el segundo, espera 3. Esa diferencia le da mayor sutileza al Barolo. Además, las Riservas también tienen diferencia. En el Barbaresco el riserva se guarda 4 años mientras que en el Barolo, la guarda es de 5.

Tienen un Moscato d´Asti,  que para paladares femeninos tiene el dulzor perfecto justo para finalizar una cena. Va muy bien con postres de fruta y frutos secos como almendras…ah, bizcocho de pistacho.

De la bodega Amborgio e Giovanni Folonari Tenute, de la Toscana dos vinos me llamaron poderosamente la atención por su armonía en nariz y boca, El Tenute del Cabreo Il Borgo, con una buena expresión de frutas oscuras como ciruelas y bayas y untuosidad en paladar muy agradable y el Tenuta La Fuga Brunello di Montalcino, que se añeja tres años en barricas de roble de Eslovenia. Este vino tiene especias como el anís pero muestra elegancia con su buena acidez y taninos delicados. Definitivamente es un vino para carnes rojas.

Tuve la oportunidad de conversar un rato con Sebastiano Rosa, hijastro del creador de Sassicaia, quien hace sus vinos en la isla de Cerdeña.  Tiene entre sus etiquetas un blend de Vermentino con Chardonnay, Agricola Punica Samas, Isola dei Nuraghi pero el Barrua, Isola dei Nuraghi que tiene 85 % de la cepa Cariñena, con un 10 de Cabernet Sauvignon y tan solo un 5 de Merlot me pareció un vino con identidad propia y definida, cuerpo goloso y paladar limpio y sedoso. Esto como que rima pero no es verso, es la expresión de la emoción de un vino que va bien con carnes a la brasa.

Lo bueno de analizar los vinos es ver la personalidad que tiene cada uno, su expresión de terroir, y cómo juega la percepción sensorial un papel importante que muchas veces pasa con ficha. Para depurar el paladar, lo mejor es probar y cada día que pasa confío más en mi intuición que en el mercadeo intensivo al que estamos expuestos todos. Después que no me ponga a cantar O Sole Mío, estamos bien.

Derechos Reservados © 2014.

Prisionero de las cepas


 

Prisoner wine

Por: Amanda Díaz de Hoyo

Cada vez que entraba a la Biblioteca José M. Lázaro me quedaba embelezada ante el mural de Rufino Tamayo,Prometeo. Sí y cada vez que me topo con la imagen de un Prometeo encadenado en la etiqueta del vino Prisoner me da ese flasback, el mural de la UPI, mi alma mater.

En estos días tuve la oportunidad de mirar al mar y tomar par de copas de Prisoner, un blend californiano que une la zinfandel con la cabernet sauvignon, la petit syrah y la garnacha para producir un vino contundente, complejo y voluptuoso, que por sí solo resulta fuerte en boca. Ese choque de emociones que entra al mezclar la zinfandel–una cepa que me encanta porque se adapta muy bien a la comida puertorriqueña– con la cabernet sauvignon, y el resto de las cepas, me trae a la memoria los vinos Barolos, que se hacen con la cepa nebbiolo.  Ah, entonces la presencia de la zinfandel es más contundente en la mezcla que el resto con un 46%, le sigue luego la Cabernet con un 26 % dependiendo de la añada, un 15% de syrah, un 10% de petit syrah y un 3% de garnacha.  Aunque la zinfandel se supone que es más parienta de la primitivo que de  la nebbiolo, a mi me sigue recordando esos vinos grandes del Piemonte.

¿Primitivamente Zinfandel? A manera de repaso, les digo que son muchos los estudiosos del vino, y que cada día hay hallazgos dentro de este mundo maravilloso. Nada puede tomarse como final y firme pues el vino evoluciona, tiene vida, y refleja sus destellos dependiendo de los elementos que componen la añada. Obviamente, y de la mano del hombre.  Este disclaimer lo hago porque en estos asuntos no podemos ser absolutistas, La unión de la primitivo y la zinfandel, aunque hay quien apueste hasta los últimos $20 que tenga encima diciendo que son iguales, viene porque su tatarabuela era una cepa croata rara llamada Crljenak, y la zin parece ser reflejo fiel de la ancestral uva, la primitivo es un clon. Ajá, y con el asuntito del terroir, la adaptación y el manejo de la viña, la zin varía así como la primitivo, y de paso cualquier uva que se plante en un área geográfica.

En la manifestación como cepa primaria del vino Prisoner, y el refuerzo de la cabernet sauvignon con la syrah, para suavizarla con el corte de petite syrah y garnacha, encontramos intensidad en color, aroma y boca. Entonces los higos se hacen presente, el cacao y el café, con notas de granadas y frambuesa. La complejidad en el postgusto es más que evidente.

Lo agradable del  blend californiano presentado en el Prisoner radica en la facilidad que tiene de llevarse bien con platos ricos en proteína, buenos cortes de churrasco, carnes de caza y hasta un osso buco. ¿Cómo no recordar el vino de Prometeo en la etiqueta? No way!