La vida según Ruinart


 

 

Macaron, Créme Brulee de lavanda y un cannelle, de la chef Lorraine Colón.
Macaron, Créme Brulee de lavanda y un cannelle, de la chef Lorraine Colón.

Por: Amanda Díaz de Hoyo

Eso de que nos visite un chef de caves de una bodega es raro, rarísimo. No es lo mismo sacarlo de su entorno y meterlo en el Caribe sofocante, en Puerto Rico para que explique un poco su trabajo y la misión de la casa que representa. Precisamente eso hizo hace poco Frédéric Panaïotis, Chef de Caves de Ruinart, quien tuvo la gentileza de compartir con nosotros no solo su amplio conocimiento sino la dirección de una cata que se combinó con la exquisita comida de la chef  Lorraine Colón.

Degustamos cinco champanes: R de Ruinart, Ruinar Blanc de Blancs, Rosé, Dom Ruinart Blanc de Blancs 2004 y Dom Ruinart Rosé 2002. En cada uno se valida la teoría de Frédéric, que no discuto porque es la precisa, de los componentes de un gran champán: tiempo, tierra y uvas. Son buenos champanes pero hay que ser justos en la apreciación. El R, es un non vintage agradable, bien para comenzar una conversación, con la mezcla clásica de uvas: chardonnay, pinot noir y pinot meunier. Para mí, los fuertes de la casa champanera son los vintages. Claro, solo se hacen en años extraordinarios. Por ello el Dom Ruinart Blanc de Blancs 2004 y el Dom Ruinart Rosé 2002, presentan la expresión de un terroir bien definido.

Comencemos con el Dom Ruinart Blanc de Blancs 2004. La sequía del año anterior, el 2003, fue bastante seria por lo que los niveles de agua en el subsuelo eran bastante bajos en el 2004. En palabras sencillitas, las uvas estaban en estrés todavía pero ya en agosto con algo de precipitación se recuperaron para producir frutas geniales de óptima calidad. De ahí encontramos que este vino expresa la chardonnay de alta expresión.

 

El Ruinart rosé 2002 es un vintage fenomenal.
El Ruinart rosé 2002 es un vintage fenomenal.

En el caso del Dom Ruinart 2002, en el que se utiliza la chardonnay con un por ciento de pinot noir, la añada 2002 –justo en medio de dos incómodas  como la 01con mucha lluvia, y la 03 con falta de ella—fue perfecta para la apelación. Aclaro que la mano y el conocimiento del hombre y la mujer de la tierra, los enólogos y enólogas, y los maestros hacen que el producto final sea el justo por un esfuerzo  que pocos comprenden, junto con todo lo demás permiten que nos llegue a la copa la calidad que buscan.

Conversando con Frédéric me di cuenta que Ruinart no es un champán para entenderse rápido, que no hay fórmulas mágicas y menos, que se debe tomar con prisa. No tiene prisa un espíritu que se regodea en copa y se amolda al paladar. La vida después de todo es según la dicte Ruinart en la copa.

Disfruta una copa y relax con el video de Paquecepas en You Tube…https://www.youtube.com/watch?v=2nEqR0kZ54A.
Paquecepas by Amanda Diaz de Hoyo is licensed under a Creative Commons Attribution-NoDerivatives 4.0 International License.

El ejercicio aromático a lo Ruinart


 

Por: Amanda Díaz de HoyoImage

Mi nariz ni es perfilada como la de las actrices de cine, tampoco como la de las modelos más cotizadas. Mi nariz es lo suficiente como para decirme las virtudes de los vinos. Por lo menos creí que conocía ciertos aromas…pero la realidad es otra cuando  me hablan de frutas de esas que no se dan en el trópico y que aún me cuesta detectar.

Hace un tiempito, participar del ejercicio de los aromas que tiene el champán Ruinart rosé me hizo  dudar de mis instintos olfativos. De una serie de aromas que expuso Gilles Veluzat, embajador de este y otros champanes finos, si saqué la mitad de ellos en una presentación a ciegas fue mucho. Digo, hubo quien supo muchos de los aromas. Yo pude identificar algunos que se dan por estos lares, cuyos aceites esenciales son muy particulares.

 Entre estos la guayaba, la menta, la toronja rosada, y una de las que no se da pero me recuerda las medicinas y los dulces, la cereza. Quedé atónita al no poder identificar la granada, que tengo un árbol en casa pero su aroma es distinto al presentado en el ejercicio. ¿Acaso la variedad del trópico no es igual a la de otros lares? Posiblemente. Claro aquí no había esencia de acerola, ni pomarrosa, tampoco de tamarindo y menos de guineos.  Me hacía falta la piña y la china mandarina, con las bayas de café. Ah, pero esos no son los aromas del champán en cuestión. Posiblemente no, y de seguro jamás hubiera acertado el ruibarbo ni la habichuela de Tonka que aparecía en la lista terrorífica de los aromas.

Después de darme cuenta cuán subjetivo puede ser un ejercicio aromático de esta índole, pensé que tendría más pretextos para estudiar a fondo el champán, en particular el Ruinart, que proviene de una casa clasificada como Grande Marque, fundada en el 1729, que no es tan ampliamente conocido por, tal vez, la cantidad limitada de su producción.

Lo cierto de este champán elegante es que su versión rosada tiene el estilo que destaca la casa, aromas florales y afrutados, con un post gusto elegante y una burbuja delicada. Aromas, muchos, experiencias olfativas aún me faltan…lo mejor es el pretexto de volver a degustarlo para encontrar más aromas a miramelindas, orquídeas y hasta quenepas.