Osmosis y Decepción aliviada con Ron


Mojito con Dewars

Mojito con Dewar´s.

Por: Amanda Díaz de Hoyo

En las últimas semanas, he visto cómo han intentado copiar el estilo de uno en temas de vinos y espíritus. Esto debe ser admiración sin inspiración propia. No problem. También he sido testigo de la frugalidad con la que se confunde nuestro trabajo, el de prensa gastronómica y espirituosa –puedo decir enológica pero cubro mucho más—creyendo que con dos fotos y par de garabatos en un blog ya son eruditos en materia de todo.  “Copy rats” dice una amiga  a estos imitadores. A otros de nuestro pequeño gremio, los que con seriedad tomamos cada sorbo o bocado, investigamos a fondo, le hacen la vida de cuadritos.

En días recientes, mientras me relajaba con un suculento pedazo de pizza y una cerveza fría, escuché esta conversación en la mesa del lado: “Mira, lo que tienes que hacer es tomar fotos de todo lo que te comes y escribes par de oraciones. Ya con eso tienes tremendo blog”. Hablaba la voz de la ignorancia puramente buscando una ventaja comercial y personal. Por eso digo, que no se aprende este arte por osmosis, sino por convicción.

Si no tienes nada que compartir de tus propias vivencias, no inventes. Esto requiere estudio, moderación, originalidad y ética profesional. Por ello, una carrera en la redacción y crítica de gastronomía y enología requiere estudio. Sí, y mucho. Ah, lectura es clave para echar adelante y obviamente, creatividad. La gramática y la puntuación son elementos de la buena redacción, y puedo perdonar un error de dedo –los tipográficos—pero una mala redacción,  no.  Aquí entra la decepción. Habiendo terminado mi speech, ahora procedo a lo más agradable.

He estado cubriendo una serie de actividades para mis escritos en las revistas IMAGEN y Buena Vida, pero tengo que compartirles algunas cosas interesantes con las que me topé.

La primera, que en la presentación hecha por el embajador del whisky Dewar´s, Fraser Campbell pude revalidar mi gusto por el 18 años.  Sé que muchos preferirán el Signature, y no los culpo, yo prefiero el 18. Me parece un whisky sumamente elegante por lo cremoso. Claro, son maltas y whiskies de grano que llevan tiempo curándose para llegar a la copa. Otro datito de esa presentación fue el coctel de bienvenida, que me pareció muy agradable para los países tropicales: un mojito de whisky. Nice.

Entre una cosa y otra, estuve dando un recorrido por las facilidades de la Bacardí, que cuenta ahora con unos Rum and Food Pairings de lo más interesantes, además de que ha salido al mercado la Reserva Especial alias Special Reserve,  que solo se consigue en Bacardí y que te lleva por la experiencia del embotellado, sellado y hasta lacrado en cera, estampando por último el logo de la casa.

daiquiri y pina colada

El daiquirí como manda el libro de los clásicos.

Antes de pasar a la cata de Bacardí, nos recibieron en La Catedral del Ron, con un menú de cocteles, obviamente con el ron de la casa. Pedí un daiquirí, el verdadero y clásico, nada frozen que parezca ICEE. Como se avecinaba el aguacero, el calor era intenso así que disfruté la alquimia que unió ron, jugo de limas y azúcar, batidas a mano, en el shaker.  Ah, y traté de recordar las anécdotas con Paco Villón, las minas de Daiquirí y hasta el escorbuto.

Según el maestro ronero, William Ramos, el añejamiento se realiza estrictamente en barricas de roble americano, y digo maestro en todo el sentido, pues Ramos junto con Joe Gómez –el chief master of rum desde hace 35 años– fueron mis primeros maestros de ron hace tiempo. Oh, me siento como si hubiera sido vecina de Matusalén.

Batiron

El Special Reserve después del embotellamiento con mis propias manos, puro drama.

Desde la perspectiva técnica y usando el Bacardí 8 como marco de referencia y que encuentro elegante y con algo de anís en el post gusto,  el Special Reserve difiere del 8 por su mayor complejidad. Es un ron estructurado, goloso y acaramelado con notas especiadas  y cremosas.

De allí, salí pensando en lo práctico que resulta el ron añejo, que bien puede servirse como aperitif y  culminar la noche como after diner. Tengan cuidado, brandy y  coñac.
Paquecepas by Amanda Diaz de Hoyo is licensed under a Creative Commons Attribution-NoDerivatives 4.0 International License

 

 

 

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Whiskey vs. Whisky: ¿Bourbon?


En plena faena de probar un coctel con Bulleit, preparado por Paulo Figuereido.
En plena faena de probar un coctel con Bulleit, preparado por Paulo Figuereido.

Por: Amanda Díaz de Hoyo

Estos meses han sido sumamente eclécticos en cuanto a mi  paladar se refiere, pero  algo  que me ha llamado la atención fue la propuesta de un amigo del vino que me preguntó si me gustaba el bourbon. Oqueiii, respiré profundo y con la candidez y franqueza que me caracterizan dí un rotundo NO. Mis primeras experiencias con el bourbon fueron nefastas a decir verdad, nada de eso se comparaba con las sutilezas de un buen whisky de Escocia. Aclaro, que solo tomo whisky en momentos especiales, que ameritan este tipo de espíritu…ah y que no haga un calor terrible porque entonces prefiero una cerveza clara o un vino blanco…bien a  Sauvignon Blanc o a lo Albariño.

El reto entonces era probar un bourbon distinto, bien artesanal y que me cambiaría la forma de pensar porque ya venía mi gusto con un prejuicio.

El mixólogo portugués, Paulo Figuereido.
El mixólogo portugués, Paulo Figuereido.

Para presentarme el bourbon, el mixólogo y maestro Paulo Figuereido. Un lujo para un viernes por la tarde. El espíritu en cuestión, Bulleit Bourbon-Frontier Whiskey. Ya empiezan las sutilezas pues si se fijan en Escocia le llaman Scotch Whisky, sin la e.

¿Por qué es diferente el Bulleit a otros bourbons? La pregunta era de rigor…Entonces Paulo me explica que el Bulleit se hace de manera artesanal, lo que en estos días es más que un trend una manera de reconocer la calidad de las producciones pequeñas con alto grado de perfección. Explicó el mixólogo portugués que Tom Bulliet, quien es un conocido abogado, se inspiró en la receta de su bisabuelo para preparar whiskey.

De presentación austera, la botella asemeja a aquellas botellas antiguas, es un whiskey que lleva mayor cantidad de centeno, al que se le atribuye la complejidad y personalidad elegante de este destilado.

Sobre la preferencia del paladar latino, Paulo dice que tendemos a preferir los whiskies que son  mezcla de distintas maltas, y que la transcisión al bourbon se facilita por ello. “Felizmente, hoy día, el paladar se esduca y no tenemos que tomar siempre lo mismo, lo que atribuyo a plataformas educativas como las de World Class” añade el conocedor.

World Class, como bien define, es un sistema que prepara a los bartenders y mixólogos del mundo entero, a conocer mejor el paladar del consumidor mediante la cultura de cada quien, además de que los educa en materia de licores de alta gama. Los profesores son maestros del arte de la coctelería y embajadores de marcas reconocidas de destilados.

Ahora la pregunta ¿whisky vs. whiskey? Whisky, el escocés se añeja en barricas de roble por lo menos 3 años y se prepara de maltas provenientes de diferentes zonas productoras  mientras que el whiskey, american whiskey, bourbon, y hay quien lo llama whisky,  Ya entonces se marca una diferencia organoléptica entre estos destilados.

Mi experiencia con Bulleit desde la percepción organoléptica, intenso en color, con un aroma a red wood y bosques americanos, agradable, con un sabor que lleva notas de almendras, melocotón y algo de miel, y un post gusto mucho más suave de lo que pensaba al principio. Al añadirle agua en partes iguales, los compuestos volátiles permitieron que  mostrara en todo su esplendor los aromas afrutados.

Para terminar de convencerme, probé tres cocteles con Bulleit, un Tom Collins, un Manhattan y un Old Fashion. Mi veredicto, Bulleit en Tom Collins fue mi favorito.

En faena con los tres cocteles: Tom Collins, Manhattan y Old Fashion.
En faena con los tres cocteles: Tom Collins, Manhattan y Old Fashion.

Whisky a lo Johnnie Walker


Arturo Savage

 

Por: Amanda Díaz de Hoyo

Una cata, del espíritu que sea, siempre me hace repasar nociones básicas sobre lo que cataré o he catado. Ese repaso incluye algo de historia y par de encuentros organolépticos que uno a la experiencia irrepetible de la primera cata. Es algo así como cuando estás enamorada y te dan el primer beso.

Cuando me invitaron a catar Johnnie Walker con un grupo de bloggeros gastronómicos y el embajador global de la marca, Arturo Savage, pensé que sería un gran momento para llegar a buenos términos con un estilo de whisly que no precisamente es mi favorito, porque  tiene alta presencia de turba ahumada y prefiero los sabores afrutados y florales. Por lo menos, la experiencia con el Red, el Green, el Blue y el Black, a los que me refiero con cariño como la cajita de crayolas del whisky escoces fue esa, una presencia de humo que ocultaba los sabores delicados que puede tener este espíritu.

Comenzó el ejercicio con la explicación de cómo se realiza una cata de destilados, muy beneficiosa para quienes se inician en estos menesteres. Luego del examen visual y el primer análisis olfativo, ya las papilas se agudizaban con el proceso retronasal, para que uno apurara ese sorbo que recorrería toda la boca. Los sabores dulces, salados, amargos, agrios y proteínicos –lo que llaman umami– estuvieron presente en la mariz antes que en la boca. Yo, por mi parte, me alejé del prejuicio del humo para encontrarme un whisky con sabor definido: a barra de chocolate Hershey´s de almendras. Esto con el Black Label Platinum 18 años, que me hizo revolotear los recuerdos de la niñez.

Al agregarle agua, en la proporción correcta, revalidé mi teoría de los sabores del chocolate y las almendras. Entonces, ese Johnnie Walker et moi, llegamos a un punto de convergencia. Al fin nos estábamos entendiendo.

Empecé a divagar entre los whiskies que en algun moomento me han causado gratas impresiones: el Ballantine´s 30, el  Chivas 25. el Dewar´s 18, y ahora el Black Label Platinum 18. La lista puede variar porque crezca.

La impresión del Black Platinum es el elemento juventud que se destaca a distancia ante la rigidez de los otros Johnnie Walker que conocemos. Se atempera al nuevo consumidor, con un giro internacional y divertido. Es un whisky lo suficientemente elegante para que se sitúe en un peldaño más alto que el Blue, pero con notas dulces y afrutadas, que traen a la memoria gustativa aquél Platinum que inició la serie.

El whisky es uno de los mejores embajadores que tiene Escocia, y conto con el tape, son indispensables en mi casa.